Por que Madera y Negro…

La madera, materia prima de los primeros juegos y juguetes juntamente con el hueso y la piedra, acompaña a lo largo de la historia al ser humano y por ende, a cuanta civilización éste construyó y constituyó. Como material noble, cálido y maleable escolta al hombre en su afán y necesidad lúdico-humana de creación, recreación, esparcimiento y diversión. Invita a interactuar y a poner en movimiento nuestra habilidad y destrezas tanto exterior como interiormente y es la colonizadora de artes y oficios históricos: tallador, carpintero, tornero, escultor, escuadrador, luthiers, etc.

El color Negro por su parte, quizá asociado a lo oscuro, lo sombrío, la noche y porque no al miedo, el pecado y la muerte; pretende recuperar eso de fantástico y temido que poseen nuestras aventuras lúdicas. Analizando el origen y la historia de los juegos, descubrimos que gran parte de ellos nos conectan con lo desconocido, lo no asumido o asimilado como parte de la vida misma. En este sentido viejas armas de guerra desde las boleadoras, arcos y flechas indígenas hasta las mazas de guerra (baleros), pasando por utensilios para purificar almas (bolos) o bendecir cosechas (trompos), fueron conquistando públicos como simples juegos, capaces de ponernos en situación de esos escenarios temidos y a la vez deseados. Esta escenificación desde lo lúdico, posibilitan en el ser humano además de conocimiento, dominio de miedos e incertidumbres; preparándonos para el encuentro, ahora más seguro de sí mismo, de nuevos desafíos. Es en este color Negro, que aparecen nuestros dragones, cucos o fantasmas legendarios, temidos y temibles, fruto de la imaginación y fantasías, que invitados al juego colaboran discretamente (tanto en solitario como en grupo), con nuestro crecimiento psico-bio-social humano.

Por tanto, sea jugando a la guerra, a la escondida, a la rayuela o simplemente desarrollando habilidades o estrategias, encontramos en el acto y en el contacto lúdico, una forma creativa para poder enfrentar y asimilar en el presente nuevas guerras, armas, crisis, pecados y muertes; en definitiva: luces y oscuridades humanas omnipresentes.

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